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La lucha por el acceso al agua y el empoderamiento de las mujeres tseltales
Por: Olivia Hernández Gómez, Maestranda en Salud Pública con Área de Concentración en Salud Ambiental(1)
- Escuela de Salud Pública de México (ESPM)

Foto: Olivia Hernández, Nuevo Porvenir, Sitalá
El acceso al agua es un derecho humano fundamental, reconocido como indispensable para una vida digna y para la realización de otros derechos humanos. No obstante, en las comunidades rurales de los Altos de Chiapas, este derecho se ve limitado por barreras geográficas, sociales y económicas que afectan, principalmente, a las mujeres tseltales, quienes son las principales gestoras del agua en sus hogares. Ellas enfrentan una carga desproporcionada en la recolección y gestión del agua, que no siempre es segura para el consumo humano, lo que pone en riesgo la salud de sus familias.
Durante mi trabajo con la organización no gubernamental Cántaro Azul, he tenido la oportunidad de colaborar estrechamente con mujeres tseltales en temas de agua, higiene y saneamiento. Este proceso me ha permitido visibilizar no solo las dificultades que enfrentan estas mujeres, sino también su papel crucial en la gestión del agua y en la promoción de la salud comunitaria. A través de mi experiencia, he sido testigo de cómo las mujeres son las principales cuidadoras de sus familias y cómo su falta de acceso a recursos y a espacios de decisión limita su capacidad para garantizar la salud y el bienestar de sus hogares.
El rol de las mujeres tseltales en la gestión del agua
Las mujeres tseltales, al igual que en muchas comunidades indígenas de México, son responsables de la provisión de agua en sus hogares. Ello implica caminar largas distancias para recolectar agua de pozos, ríos y manantiales o captar agua de lluvia. Esta tarea es crucial no solo para el consumo, sino también para la higiene y la preparación de alimentos. Sin embargo, el agua que obtienen frecuentemente está contaminada, lo que genera problemas de salud, especialmente en niños, niñas y personas mayores, quienes son los más vulnerables a enfermedades gastrointestinales.

Foto: Olivia Hernández, Golochan Nuevo I Fracción, Sitalá
Además de recolectar agua, las mujeres asumen la responsabilidad de su tratamiento, aunque esta tarea se ve limitada por la falta de tiempo y recursos. En muchas comunidades, la recolección de leña para los fogones consume gran parte del día de las mujeres, lo que deja poco margen para actividades como la purificación del agua. Este trabajo es desgastante y se suma a las numerosas tareas domésticas que deben realizar a diario.

Desafíos y barreras
Las mujeres tseltales enfrentan múltiples barreras para participar en la gestión comunitaria del agua. A nivel familiar, las tareas relacionadas con el cuidado del hogar y la recolección de recursos naturales, como el agua y la leña, recaen exclusivamente sobre ellas, lo cual restringe su tiempo para otras actividades. A nivel comunitario, las mujeres, a pesar de ser las principales afectadas por la falta de acceso a agua segura, rara vez son consultadas o incluidas en la toma de decisiones sobre su gestión.
Además de las barreras de género, existe una barrera lingüística que dificulta el acceso a la información y a servicios básicos de salud. Muchas mujeres son monolingües en tseltal o tsotsil, y la falta de materiales y atención en su lengua originaria limita su capacidad para participar activamente en procesos comunitarios o acceder a información crítica para la gestión del agua.
Empoderamiento y participación comunitaria
A pesar de los desafíos, las mujeres tseltales han comenzado a ganar espacios en la toma de decisiones sobre la gestión del agua en sus comunidades. A través de la participación en talleres y capacitaciones organizadas por organizaciones de la sociedad civil, como Cántaro Azul, las mujeres han fortalecido sus habilidades en temas de higiene, saneamiento y agua segura. Estos talleres no solo les han permitido mejorar la salud de sus familias, sino que también han abierto espacios para su participación en comités de agua y asambleas comunitarias, donde sus voces empiezan a ser escuchadas y respetadas.

Foto: Pauliño Montejo Córdova, Rosario El Anhelo, Sitalá, 2022
La educación y sensibilización comunitaria han sido fundamentales para el empoderamiento de las mujeres. Al adquirir conocimientos sobre la importancia de consumir agua segura y participar en la gestión del recurso, las mujeres han comenzado a desafiar las normas tradicionales que las excluyen de estos espacios de decisión. Sin embargo, el proceso no ha sido fácil. Las mujeres continúan enfrentando resistencias dentro de sus propias comunidades, pero su perseverancia y dedicación están generando cambios importantes.

Foto: Pauliño Montejo Córdova, Ach'lum El Suspiro, Sitalá, 2022

Foto: Olivia Hernández, Nuevo Porvenir, Sitalá
El valor de la educación y el trabajo colaborativo
Mi experiencia en campo y en la Escuela de Salud Pública de México me ha permitido seguir reflexionando sobre la importancia de la educación y el trabajo colaborativo para el empoderamiento de las mujeres tseltales. A través de la educación, no solo se fortalece su capacidad para gestionar el agua y garantizar el bienestar de sus familias, sino que también se promueve su inclusión en espacios de decisión. Esto es clave para la sostenibilidad de cualquier intervención relacionada con el acceso al agua y la salud comunitaria.
Es necesario seguir promoviendo políticas públicas que reconozcan y fortalezcan el papel de las mujeres en la gestión del agua, y que al mismo tiempo aborden las barreras estructurales que limitan su participación. Así también, el trabajo colaborativo entre hombres y mujeres es fundamental para lograr una gestión equitativa y sostenible del agua, y para mejorar la calidad de vida en las comunidades rurales.
El acceso al agua, el saneamiento y la conservación sigue siendo un reto importante en las comunidades rurales de los Altos de Chiapas, y las mujeres tseltales están en el centro de este desafío. A pesar de las barreras que enfrentan, su participación y liderazgo en la gestión del agua son cruciales para mejorar la salud y el bienestar de sus familias y comunidades. Por tanto, es esencial seguir fomentando su empoderamiento, no solo por la equidad de género, sino porque su rol es fundamental para garantizar el acceso a agua segura y la sostenibilidad de las soluciones implementadas.

Foto: Pablo Suarez, Santa Cruz El Recreo, Sitalá, 2022
Para reflexionar
Diferenciar el trabajo en campo o en comunidad del trabajo con la comunidad es crucial. A menudo, el trabajo en campo se limita a la recolección de datos o a la realización de talleres, lo que frecuentemente resulta en que la información no regresa a la comunidad. En cambio, trabajar con la comunidad implica un proceso de construcción conjunta. Esto significa involucrar a las y los integrantes de la comunidad en todas las etapas de intervención, desde la identificación de sus necesidades hasta la implementación de soluciones. Este enfoque colaborativo fomenta la confianza, el empoderamiento y la sostenibilidad de las intervenciones. Al construir relaciones sólidas y mantener un diálogo abierto, se genera un cambio más significativo y duradero.