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Fibromialgia: vivir con un dolor invisible
Por:
Dr. Raúl Eduardo Acosta-Carreño 1, Dra. Zuliana Paola Benítez Hernández 1, Dr. Nayro Isaac Domínguez Gavia 1, Dr. Kevin Fernando Candia 1, Dra. Rosa Patricia Hernández Torres 1, Dra. Claudia Ivette Herrera Covarrubias 1, MC. Emmanuel Omar Ponce Dávila
- Universidad Autónoma de Chihuahua, Facultad de Ciencias de la Cultura Física
La fibromialgia es una condición crónica que se caracteriza por dolor musculoesquelético generalizado, fatiga, alteraciones del sueño, dificultades cognitivas y síntomas emocionales que pueden transformar profundamente la vida cotidiana. Aunque durante muchos años se explicó principalmente desde la fisiopatología del dolor, hoy se reconoce como una condición compleja en la que interactúan factores físicos, emocionales y sociales (1–3).
El dolor invisible plantea una paradoja: aunque es real, persistente y limitante, puede pasar desapercibido por la ausencia de signos externos. Esta diferencia entre lo que la persona experimenta y lo que los demás perciben puede dar lugar a dudas, juicios e invalidación de su sufrimiento (2,4).
Este artículo ofrece una perspectiva accesible sobre lo que implica vivir con fibromialgia, cómo repercute en distintos ámbitos de la vida y por qué el acompañamiento integral es fundamental para mejorar la calidad de vida de quienes la padecen
La fibromialgia en la vida cotidiana
La experiencia de la fibromialgia suele comenzar mucho antes de recibir un diagnóstico. Algunas personas describen años de cansancio persistente, dolor cambiante, sueño no reparador y dificultad para realizar actividades que antes parecían sencillas. Levantarse, bañarse, conducir, trabajar frente a una computadora o incluso sostener una conversación pueden convertirse en tareas demandantes cuando el dolor, la fatiga y la niebla mental aparecen al mismo tiempo (3,5).
Una persona puede dormir ocho horas y despertar sin sentirse descansada. A lo largo del día, el dolor, la rigidez y la dificultad para concentrarse reducen su capacidad para trabajar y realizar otras actividades. Al llegar a casa, quizá deba elegir entre atender sus responsabilidades, convivir con su familia o descansar. Aunque desde fuera parezca estar bien, debe administrar cuidadosamente una energía limitada.
Con frecuencia, quienes viven con fibromialgia minimizan u ocultan sus síntomas para evitar ser considerados exagerados, faltistas o poco productivos. Comentarios como "te ves bien" o "solo necesitas hacer más ejercicio" pueden aumentar el sentimiento de culpa y favorecer el aislamiento.
Dolor invisible e invalidación del sufrimiento
El concepto de dolor invisible ayuda a comprender por qué la fibromialgia puede ser tan difícil de explicar en el ámbito social (Figura 1). A diferencia de una fractura, una cirugía o una lesión evidente, el dolor crónico generalizado no siempre presenta signos externos que hagan visible el sufrimiento. Como consecuencia, muchas personas sienten que deben demostrar constantemente que su dolor es real (4,6).
La invalidación ocurre cuando la experiencia de una persona es rechazada, minimizada o atribuida a la falta de voluntad, al estrés o a una supuesta exageración. Además de afectar su bienestar emocional, esta situación puede favorecer el aislamiento, retrasar la búsqueda de atención o dificultar la continuidad del tratamiento (6).
Reconocer la fibromialgia no significa sobredimensionar el dolor ni renunciar a una evaluación clínica rigurosa. Significa escuchar con seriedad una experiencia persistente, valorar cómo afecta la vida cotidiana y construir un plan de manejo que no responsabilice al paciente de su condición. El dolor puede no verse, pero sus efectos en la vida diaria son reales.
Figura 1. Fibromialgia: una condición compleja con múltiples dimensiones
Dificultades diagnósticas: entre la búsqueda de respuestas y el cansancio
El diagnóstico de la fibromialgia es clínico. No existe una prueba de laboratorio que confirme la enfermedad de manera definitiva. Por ello, la evaluación médica debe considerar la historia del dolor, la duración de los síntomas, la fatiga, la calidad del sueño, la función física, el estado emocional y la posibilidad de que exista otra enfermedad que explique el cuadro clínico (3,5).
Esta característica representa un desafío importante. Muchas personas recorren distintos servicios de salud, reciben diagnósticos parciales o se someten a múltiples estudios antes de encontrar una explicación que dé sentido a lo que están viviendo. Cuando finalmente reciben el diagnóstico, pueden experimentar alivio por poner nombre a su condición, pero también frustración por el tiempo transcurrido, el gasto económico y la sensación de no haber sido escuchadas oportunamente (4–6).
Contar con un diagnóstico de fibromialgia permite comprender mejor lo que ocurre y abrir la puerta a distintas estrategias de manejo. Sin embargo, este no debe convertirse en una etiqueta que defina por completo a la persona. Cada caso es diferente; por ello, el abordaje debe centrarse en cómo la enfermedad afecta la vida cotidiana, en las metas personales y en los recursos disponibles (Figura 2).
Figura 2. Mitos y realidades sobre la fibromialgia
Dimensión social y de género
La fibromialgia se ha reportado con mayor frecuencia en mujeres, lo que invita a reflexionar sobre el papel del género en la experiencia del dolor. En distintos contextos, muchas mujeres con dolor crónico señalan que sus síntomas suelen atribuirse primero a la ansiedad, la sensibilidad emocional o una baja tolerancia al dolor, antes que a una condición clínica que requiere atención. Esta forma de interpretar sus síntomas puede retrasar el diagnóstico y aumentar el sentimiento de culpa (6,7).
Hablar de la dimensión de género no significa que la fibromialgia sea exclusiva de las mujeres ni que los hombres no la padezcan. Más bien, invita a analizar cómo las normas y expectativas sociales influyen en quién busca atención médica, quién es escuchado, quién recibe un diagnóstico y cómo se interpreta su sufrimiento. En los hombres, por ejemplo, la presión por mostrarse fuertes puede dificultar la expresión del dolor; en las mujeres, los estereotipos pueden favorecer que sus síntomas sean minimizados (7).
Además del género, también influyen las condiciones laborales, económicas, familiares y culturales. Una persona con redes de apoyo, flexibilidad en el trabajo y acceso a servicios de salud enfrenta la enfermedad en circunstancias muy distintas a quien vive en condiciones de precariedad, tiene jornadas laborales extensas o asume responsabilidades de cuidado. Por ello, hablar de fibromialgia también implica hablar de desigualdad, acompañamiento y reconocimiento social.
Fibromialgia en redes sociales: apoyo, información y riesgos
Las redes sociales se han convertido en espacios donde muchas personas con fibromialgia buscan explicaciones, acompañamiento y validación. En estas comunidades virtuales, los pacientes pueden encontrar testimonios de personas que viven síntomas similares, recomendaciones para afrontar el día a día y una sensación de pertenencia que, en ocasiones, no encuentran en su entorno clínico o familiar (8,9).
Sin embargo, el entorno digital también implica riesgos (Figura 3). La difusión de tratamientos “milagro”, dietas extremas, suplementos sin evidencia científica, promesas de curación rápida o discursos que rechazan cualquier atención médica puede generar confusión y falsas expectativas. La necesidad legítima de encontrar alivio puede volver a algunas personas más vulnerables ante mensajes comerciales o propuestas sin respaldo científico (8,9).
El estudio de Valadés y colaboradores (9) analizó 72,874 publicaciones en la red social “X” relacionadas con enfermedades que cursan con dolor crónico, incluidas publicaciones en español e inglés sobre fibromialgia. Sus resultados muestran que las redes sociales pueden facilitar el intercambio de conocimientos y experiencias; no obstante, también identificaron una presencia importante de contenido comercial y preocupaciones relacionadas con creencias sobre los medicamentos que podrían influir en la adherencia al tratamiento. En el caso específico de la fibromialgia, 34.64 % del contenido no médico clasificado tenía carácter comercial.
Una conversación responsable sobre fibromialgia en redes sociales debe combinar empatía con pensamiento crítico. No todo testimonio representa evidencia científica; sin embargo, toda experiencia personal merece respeto. La clave está en diferenciar entre los relatos individuales, que pueden brindar acompañamiento y sentido de comunidad, y las afirmaciones terapéuticas que requieren respaldo científico, valoración clínica y criterios de seguridad para las personas.
Figura 3. Cómo identificar desinformación en redes sociales
Manejo integral: más allá de “quitar el dolor”
Actualmente, no existe una cura única para la fibromialgia. El objetivo del tratamiento integral no es solamente eliminar el dolor, sino mejorar la calidad de vida, el sueño, el bienestar emocional, la capacidad física y la participación en las actividades cotidianas. Para ello, las estrategias deben ser combinadas, progresivas y adaptadas a las necesidades de cada persona (1,3,5).
El ejercicio físico adaptado es una de las herramientas más importantes. Actividades como caminatas, ejercicios acuáticos, movilidad o fortalecimiento progresivo pueden ayudar a mejorar la condición física y reducir algunos síntomas, siempre respetando la tolerancia individual. En la fibromialgia, el ejercicio debe entenderse como un proceso gradual y no como una exigencia o prueba de voluntad (1,5).
El apoyo psicológico también forma parte del abordaje integral. Vivir con dolor crónico puede afectar las emociones, la confianza para realizar actividades y la relación con el propio cuerpo. Intervenciones como la terapia cognitivo-conductual, la educación sobre el dolor y las estrategias de manejo del estrés pueden ayudar a comprender mejor la enfermedad, fortalecer el afrontamiento y recuperar autonomía (1,5).
El acompañamiento médico permite definir las mejores opciones para cada persona. Los medicamentos pueden ser útiles para algunos síntomas, como el dolor o las alteraciones del sueño, pero no constituyen la única respuesta. Un abordaje multidisciplinario, que incluya profesionales de medicina, fisioterapia, psicología y actividad física, ofrece una atención más completa y acorde con la complejidad de la fibromialgia (3,5,10,11).
Escucha clínica y redes de apoyo
Una parte fundamental del cuidado es la escucha clínica. Preguntar cómo el dolor afecta el sueño, el trabajo, la vida familiar, la actividad física, la sexualidad, el estado de ánimo y los proyectos personales permite comprender la enfermedad más allá de una escala numérica de dolor. La consulta debe validar la experiencia de la persona sin dejar de lado el razonamiento clínico ni la búsqueda de otras posibles causas cuando sea necesario (5,6).
Las redes de apoyo también cumplen una función protectora. Familiares, amistades y compañeros de trabajo pueden brindar un acompañamiento más efectivo cuando comprenden que la fibromialgia no se resuelve con presión, cuestionamientos o reproches. Respetar los tiempos de descanso, adaptar actividades y acompañar los procesos terapéuticos son formas concretas de apoyo. Por ello, la educación sobre esta condición no debe dirigirse únicamente a quien la vive, sino también a su entorno cercano (6,8).
Conclusión
La fibromialgia no puede entenderse únicamente como una alteración en el procesamiento del dolor. Es una experiencia compleja que involucra cansancio, incertidumbre, estigma, relaciones sociales, diferencias de género y la necesidad de reconocimiento y apoyo (Figura 5). Que sus síntomas no siempre sean visibles no significa que sean menos reales; por el contrario, esta condición requiere mayor sensibilidad clínica y social (2,6,7).
Cambiar la conversación sobre la fibromialgia implica pasar de preguntar únicamente “qué tiene la persona” a explorar también cómo afecta su vida cotidiana, qué barreras enfrenta, qué apoyos necesita y qué recursos pueden ayudarle a vivir mejor. Desde esta perspectiva, el manejo integral debe combinar conocimiento científico, escucha activa, educación, ejercicio adaptado, apoyo psicológico y acompañamiento social (1,5,6).
Contacto: Raúl Eduardo Acosto Carreño
rcarreno@uach.mx
Referencias
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Información editorial y legal
Revista ESPM, Año 4, Núm. 12, septiembre - diciembre de 2026, es una publicación cuatrimestral editada por el Instituto Nacional de Salud Pública, a través de la Escuela de Salud Pública de México, Av. Universidad #655, Col. Santa María Ahuacatitlán, Cuernavaca, Morelos, C.P. 62100, Tel. 7773293000, www.insp.mx, www.revista.espm.mx, nslara@insp.mx.
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Responsable de la última actualización de este número, (Mtra. Aldara Nayeli Cabrera Osnaya), Av. Universidad #655, Col. Santa María Ahuacatitlán, Cuernavaca, Morelos, C.P. 62100. Cuernavaca, Morelos, C.P. 62100. Fecha de última modificación, 06 de mayo de 2026. Tamaño del archivo: 118,586 KB