IMAGINA UN MUNDO...

Imagina un mundo donde el cuidado también se cuida: reflexiones en el Día Internacional de la Mujer
Por: Guadalupe Delgado Sánchez1, Maribel Martínez Hernández2, Daniel Manzur Rodriguez3
- Investigadora en Ciencias Médicas, CISEI/INSP
- Asistente de investigación, CISEI/INSP
- Director de Área, DGDPSC/SSPC
El cuidado cotidiano: un trabajo que no se ve
Cada 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer invita a reconocer los aportes de las mujeres y a visibilizar las desigualdades que persisten en todos los ámbitos de la vida. Una de las más silenciosas es la organización social del cuidado.
En la mayoría de los hogares, antes de que empiece el ajetreo de la escuela, el trabajo y las actividades del día, hay alguien que prepara el desayuno, revisa mochilas, ayuda a vestir a las niñas y los niños, los lleva al centro de salud cuando se enferman, organiza vacunas y realiza trámites y citas. Muy a menudo, esa persona es una mujer.
Los datos de México y de América Latina y el Caribe muestran que las mujeres dedican muchas más horas que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, en especial al cuidado cotidiano de la infancia. Este esfuerzo sostiene la salud y el funcionamiento de los hogares, aunque casi nunca se reconoce como “trabajo” ni se considera en los sistemas de salud y de protección social. Imagina un mundo en el que estas tareas, tan importantes para la vida, no se den por sentadas ni recaigan casi siempre en ellas, y en el que el derecho a cuidar y a ser cuidado se comparta de manera más justa entre mujeres y hombres, familias, comunidades e instituciones.
Imagen 1. La carga desigual del trabajo de cuidados que recae en las mujeres en el hogar.
Desigualdades de género y salud de quienes cuidan.
La salud de niñas y niños puede mejorar gracias al cuidado intensivo; sin embargo, la salud de quienes cuidan suele deteriorarse.
Hoy, las desigualdades de género en salud se entrelazan con una carga desproporcionada de cuidados. Las mujeres suelen ser quienes llevan a niñas y niños a consultas, acompañan la aplicación de vacunas, vigilan tratamientos y reorganizan sus jornadas ante cualquier urgencia. Esta responsabilidad, asumida como “natural”, se suma al trabajo remunerado, al estudio y a otras obligaciones, y se traduce en dobles y triples jornadas que afectan su bienestar: mayor estrés, menos tiempo para la actividad física y menores posibilidades de autocuidado.
Los estudios sobre cuidado informal muestran que no se trata solo de tiempo, sino también de intensidad y de carga emocional. Las mujeres cuidadoras, especialmente aquellas con niñas y niños pequeños a su cargo, enfrentan un mayor riesgo de agotamiento, así como síntomas de ansiedad y depresión, además de una sensación persistente de culpa cuando perciben que “no llegan a todo”. Esta experiencia se agrava cuando el cuidado se combina con empleos precarios, jornadas extensas o la ausencia de redes de apoyo.
Estas desigualdades no son el resultado de decisiones individuales aisladas, sino de normas culturales y estructuras sociales que siguen asociando el cuidado casi exclusivamente con la feminidad. Cuando se asume que “las mujeres cuidan mejor” o que “es su responsabilidad”, se invisibiliza el valor social y económico de este trabajo y se refuerza la idea de que su tiempo es siempre flexible y disponible.
Del mandato hegemónico de género a la corresponsabilidad social
Imagina un mundo en el que el cuidado sea una responsabilidad compartida. En ese mundo, los hombres participan de manera activa y cotidiana en la crianza y en la atención de la salud de las niñas y los niños, no como “ayuda”, sino como parte de una paternidad corresponsable y presente.
En ese mismo mundo, los sistemas de salud reconocen y apoyan a las personas cuidadoras. Los horarios de atención son compatibles con las jornadas laborales y la información se ofrece de manera clara y respetuosa. En los servicios de salud, en las escuelas y en los centros de cuidado infantil, la comunicación se dirige por igual a la madre, al padre o a cualquier persona que acompañe a niñas y niños. Ante una emergencia o accidente, se contacta tanto a la madre como al padre, reconociendo que ambas personas son responsables del bienestar de la niña o el niño. El cuidado deja de ser un requisito tácito y se convierte en un eje explícito de las políticas de salud.
Sistemas integrales de cuidados: del hogar a la política pública
El cuidado de niñas y niños debe dejar de concebirse como un asunto privado de las familias —y, particularmente, de las madres y las mujeres— para asumirse como una responsabilidad social compartida.
Imagina también que este reconocimiento trascienda el consultorio y se exprese en políticas públicas concretas. En la región se impulsa la construcción de sistemas integrales de cuidados, entendidos como el conjunto de servicios, políticas y regulaciones que garantizan el derecho a cuidar y a ser cuidado, y que redistribuyen el trabajo entre hogares, Estado, comunidad y sector privado.
En ese escenario, existirían redes de centros de cuidado y desarrollo infantil accesibles y de calidad; licencias parentales que involucren también a los padres; y entornos laborales que reconozcan las responsabilidades de cuidado y flexibilicen horarios y permisos.
Cuidar dejaría de implicar elegir entre la salud propia y la de la familia, o entre el empleo y la crianza.
Un compromiso para transformar la realidad
El Día Internacional de la Mujer, cada 8 de marzo, no solo conmemora la lucha por la igualdad sustantiva y los derechos de las mujeres; también invita a cuestionar por qué el cuidado sigue recayendo de forma tan desigual sobre ellas y qué acciones concretas pueden redistribuirlo.
Reconocer que la carga de cuidados no es un asunto privado, sino un tema de justicia social, igualdad de género y derechos humanos, abre la puerta a que la salud pública visibilice quién cuida y en qué condiciones, estudie los efectos de estas responsabilidades en la salud de mujeres y niñas, y diseñe intervenciones y políticas que redistribuyan tiempo, recursos y facilidades.
Imagina un mundo en el que, cada 8 de marzo, además de agradecer el cuidado que ellas brindan, revisemos cuánto hemos avanzado en hacerlo más justo, reconocido y compartido, para que niñas y niños crezcan sabiendo que su bienestar depende de una sociedad corresponsable que cuida también a quienes cuidan.
Ese mundo empieza cuando miramos el cuidado con otros ojos: cuando lo reconocemos como trabajo, como derecho y como eje de la salud pública. Empieza también cuando, desde nuestras casas, escuelas, comunidades y servicios de salud, nos preguntamos qué podemos hacer para que el cuidado pese menos sobre los hombros de las mujeres y se redistribuya de manera más equitativa.
Contacto:
Martínez-Hernández Maribel
Correo electrónico: lebiram1287@yahoo.com.mx
Referencias:
- Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024. Comunicado de prensa 121/25. INEGI; 2025.
- World Health Organization, Council on the Economics of Health for All. Time-use data can clarify crucial inputs to Health for All. WHO; 2022.
- Cascella Carbó GF, García-Orellán R. Burden and gender inequalities around informal care. Investigación y Educación en Enfermería. 2020;38(1):e10.
- UNICEF; ONU Mujeres. Niñas adolescentes: trabajo doméstico y de cuidados no remunerado en América Latina y el Caribe. UNICEF; 2025.
- UN Women; Economic Commission for Latin America and the Caribbean (ECLAC). Towards the construction of comprehensive care systems in Latin America and the Caribbean. UN Women; ECLAC; 2021.
- ECLAC; UN Women; International Labour Organization (ILO); United Nations Development Programme (UNDP). Guidelines for care policies from a gender, territorial and intersectional perspective. ECLAC; 2025.
- United Nations. International Women’s Day. United Nations; 2025.