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Más allá del riesgo: VIH, estigma y apoyo social en mujeres trans en México
Por: Francisco Crescencio Aguilar Guerrero1, Guadalupe Delgado
Sánchez2, Esmeralda Román Mar3, Montserrat Rebeca Staeps
Gordoa3, Mitzi Zaira Fong Ponce3, Juanita Hortensia Lastra
Torres3
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Clínica Especializada Condesa Iztapalapa, Egresado de la Especialidad en Medicina
Preventiva y Maestría en Salud Pública, ESPM/INSP
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Instituto Nacional de Salud Pública
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Clínica Especializada Condesa
Las poblaciones trans —es decir, aquellas cuya identidad de género no coincide con el sexo asignado al nacer—, y en particular las mujeres trans, forman parte de los grupos en los que la epidemia del VIH se concentra con mayor intensidad, tanto en México como a nivel global. Sin embargo, este fenómeno no puede explicarse únicamente a partir de factores individuales. Por el contrario, responde a condiciones sociales, estructurales y culturales como la discriminación, el estigma y la transfobia, que configuran contextos de vulnerabilidad diferenciada.
En México, la evidencia científica sobre la salud de las mujeres trans ha sido históricamente limitada. No obstante, el análisis de información proveniente de servicios de salud especializados permite avanzar en la comprensión de los factores que influyen en la transmisión del VIH, así como identificar elementos que pueden actuar como protección. Esta mirada resulta clave, ya que no solo describe el problema, sino que orienta el diseño de respuestas más pertinentes.
Mujeres trans y VIH: un vínculo poco estudiado en salud pública
Diversos estudios han documentado que la prevalencia de VIH en mujeres trans es significativamente mayor que en la población general. Esta diferencia no es fortuita. Las barreras en el acceso a servicios de salud, la exclusión del mercado laboral formal, la violencia estructural y la falta de reconocimiento social generan condiciones que incrementan la exposición al virus y dificultan tanto la prevención como el tratamiento.
En este sentido, los enfoques centrados exclusivamente en conductas individuales resultan insuficientes si no se acompañan de intervenciones que atiendan las desigualdades sociales que atraviesan la vida de esta población.
La evidencia presentada en este artículo proviene del análisis de la atención brindada a mujeres trans en una clínica especializada de la Ciudad de México entre 2009 y 2018. Este periodo permite identificar patrones consistentes de riesgo y protección, útiles para orientar estrategias tanto clínicas como comunitarias.
¿Qué se analizó y por qué importa?
El estudio incluyó a mujeres trans mayores de 18 años, a partir de la revisión de sus expedientes clínicos. Se exploraron características sociodemográficas, prácticas sexuales y condiciones sociales, y su relación con el estatus de VIH.
Este tipo de análisis es particularmente relevante porque trasciende la visión individual del riesgo y permite entender cómo las condiciones de vida influyen directamente en la salud de las mujeres trans.
Factores asociados a mayor probabilidad de VIH
Uno de los hallazgos principales es la asociación entre el trabajo sexual y una mayor probabilidad de vivir con VIH. Este resultado no debe interpretarse desde juicios morales, sino como expresión de desigualdades estructurales. La falta de oportunidades laborales formales lleva a muchas mujeres trans a recurrir al trabajo sexual en condiciones donde la negociación del uso del condón puede verse limitada.
Asimismo, prácticas como el sexo anal u oral receptivo sin protección incrementan el riesgo de transmisión, especialmente cuando ocurren en contextos de violencia, consumo de sustancias o relaciones de poder desiguales. Las relaciones con parejas masculinas cisgénero continúan siendo una de las principales vías de transmisión identificadas.
En conjunto, estos hallazgos refuerzan la necesidad de estrategias de prevención que no solo se centren en las mujeres trans, sino también en sus redes relacionales y contextos de interacción.
El estigma como determinante de la salud
El estigma asociado tanto a la identidad de género como al VIH atraviesa múltiples dimensiones de la vida de las mujeres trans. La discriminación en espacios familiares, educativos, laborales y de salud genera desconfianza hacia las instituciones y limita la continuidad en la atención.
En términos de política pública y atención, combatir el estigma no es una acción complementaria, sino una condición necesaria para mejorar la prevención, la continuidad en la atención y los resultados en salud.
Este proceso no solo incrementa el riesgo de infección, sino que también afecta la adherencia al tratamiento y el seguimiento médico. En este sentido, el estigma no es un elemento periférico, sino un determinante central de la salud. (Figura 1)
Figura 1. Determinantes del riesgo de VIH en mujeres trans
El apoyo social como factor protector
Frente a este panorama, el estudio identifica el apoyo social como un factor protector clave. Este puede manifestarse de diversas formas: redes comunitarias, acompañamiento entre pares, apoyo emocional y material o espacios seguros donde la identidad de género es reconocida.
Más allá de la contención emocional, el apoyo social tiene efectos concretos en la salud: favorece el acceso a pruebas de detección, mejora la adherencia al tratamiento y fortalece la toma de decisiones informadas. Estos hallazgos sugieren que las redes de apoyo no deben considerarse un elemento secundario, sino una intervención estratégica en salud pública.
´ Las mujeres trans que cuentan con redes de apoyo —particularmente de otras personas trans— muestran mejores condiciones para enfrentar los desafíos asociados a la transición de género, el autocuidado y la vinculación con los servicios de salud.
El valor del apoyo social radica en que no solo brinda contención emocional, sino que también fortalece capacidades prácticas para la prevención del VIH. Por ejemplo, puede favorecer el acceso oportuno a pruebas de detección, el inicio y seguimiento del tratamiento, la búsqueda de atención libre de discriminación y la toma de decisiones informadas sobre salud sexual y reproductiva. Asimismo, el acompañamiento entre pares puede contribuir a reducir el aislamiento, aumentar la confianza en los servicios y sostener trayectorias de autocuidado en contextos adversos. Estos hallazgos sugieren que promover redes de apoyo no debe considerarse un componente secundario, sino una intervención concreta y potencialmente eficaz en salud pública.
El apoyo social puede promoverse desde distintos espacios:
- En el ámbito comunitario, mediante el fortalecimiento de grupos de apoyo, colectivas trans y estrategias de acompañamiento entre pares.
- En los servicios de salud, mediante modelos de atención integrales que incorporen consejería, navegación comunitaria y personal capacitado en diversidad sexogenérica.
- En el ámbito institucional, mediante políticas que reduzcan la discriminación y favorezcan la inclusión educativa, laboral y sanitaria.
De este modo, el apoyo social dejaría de ser un concepto abstracto y se convertiría en un conjunto de acciones concretas que pueden ser fomentadas deliberadamente. (Figura 2)
Figura 2. El valor de las redes de apoyo
Implicaciones para la salud pública
Los resultados apuntan a la necesidad de diseñar estrategias específicas para mujeres trans, con enfoque de derechos humanos y perspectiva de género. Esto implica reconocer los contextos de violencia, exclusión y desigualdad que enfrentan, así como fortalecer servicios de salud accesibles, integrales y libres de discriminación.
También resulta fundamental ampliar las intervenciones hacia sus parejas sexuales y avanzar hacia modelos de prevención combinada que integren componentes biomédicos, comunitarios y sociales.
Recomendaciones
Clínicas especializadas en salud trans.- Es fundamental fortalecer la creación y el acceso a clínicas especializadas en salud trans, dirigidas a mujeres trans, hombres trans y personas con identidades de género diversas, incluyendo también a sus parejas sexuales. Más allá de la infraestructura, estos espacios deben garantizar una atención segura, respetuosa y libre de discriminación, con personal capacitado y sensibilizado. La calidad del trato es clave para generar confianza y favorecer la continuidad en la atención.
Profilaxis preexposición (PrEP) y post exposición (PEP) .- Ampliar el acceso a herramientas de prevención del VIH como la PrEP y la PEP es una prioridad. La PrEP es un medicamento que toman personas sin VIH para reducir el riesgo de adquirirlo antes de una posible exposición, mientras que la PEP es un tratamiento de emergencia que debe iniciarse dentro de las primeras 72 horas después de una situación de riesgo.
Para que estas estrategias sean efectivas, es necesario que las personas conozcan su existencia, cómo funcionan y dónde acceder a ellas. Esto implica fortalecer la información, garantizar servicios accesibles y capacitar al personal de salud, en colaboración con organizaciones de la sociedad civil.
Llegar a donde las clínicas y hospitales no se atreven a ir.- Dado que muchas personas trans enfrentan barreras para acudir a servicios de salud, es necesario llevar la prevención a los espacios donde viven y trabajan. Esto incluye campañas en puntos de encuentro o de trabajo, con acciones como distribución de condones y lubricantes, pruebas rápidas de VIH e información sobre autocuidado, incluida la PrEP y la PEP. La colaboración con organizaciones comunitarias es clave para lograr mayor alcance y confianza.
Prevención combinada.- La prevención del VIH es más efectiva cuando se combinan distintas estrategias. Este enfoque incluye el uso del condón, el acceso a PrEP y PEP, la realización periódica de pruebas y la educación en salud sexual. Garantizar que estas herramientas estén disponibles y sean accesibles permite a las personas tomar decisiones informadas sobre su salud.
Erradicación del estigma y la discriminación.- Reducir el estigma es una condición necesaria para mejorar el acceso a la salud. Se requieren políticas de cero discriminación, capacitación continua en diversidad sexogenérica y mecanismos efectivos de denuncia en instituciones públicas y privadas. Sin entornos seguros, las estrategias de prevención y atención pierden efectividad.
Investigación enfocada en las poblaciones trans.- Generar más y mejor evidencia sobre las poblaciones trans es fundamental para diseñar políticas y programas adecuados. Esto implica ampliar la investigación más allá del VIH e incluir temas como la violencia, la exclusión social y otras barreras que afectan su bienestar.
También es importante mejorar la forma en que se recogen y analizan los datos. Las experiencias de las personas trans son específicas y no siempre pueden entenderse si se agrupan con otras poblaciones. Por ello, es necesario desarrollar herramientas de investigación que reflejen mejor sus realidades.
Contar con información más precisa permitirá diseñar respuestas más pertinentes y evitar generalizaciones que limitan la comprensión del problema.
En conclusión
El VIH en mujeres trans no puede entenderse únicamente como el resultado de conductas individuales. Es el reflejo de desigualdades estructurales que colocan a esta población en situaciones de mayor vulnerabilidad. Sin embargo, la evidencia también muestra que existen factores protectores eficaces, como el apoyo social y la atención en servicios de salud especializados. Más allá del riesgo, invertir en inclusión, acompañamiento y atención digna no solo mejora la calidad de vida de las mujeres trans, sino que constituye una estrategia eficaz de salud pública para la prevención del VIH en México.
En este sentido, el valor de esta evidencia para la salud pública radica en su capacidad para guiar respuestas más integrales, inclusivas y efectivas. Invertir en inclusión, acompañamiento, redes comunitarias y atención digna no solo mejora la calidad de vida de las mujeres trans, sino que constituye una estrategia necesaria para reducir inequidades y fortalecer la respuesta al VIH en México. Así, el aporte central de este tipo de estudios no es únicamente documentar el riesgo, sino ofrecer bases concretas para intervenir mejor.
Contacto:
Francisco Crescencio Aguilar Guerrero
Correo electrónico: dr.francisco.gro@gmail.com
Referencias:
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Información editorial y legal
Revista ESPM, Año 4, Núm. 11, mayo - agosto de 2026, es una publicación cuatrimestral editada por el Instituto Nacional de Salud Pública, a través de la Escuela de Salud Pública de México, Av. Universidad #655, Col. Santa María Ahuacatitlán, Cuernavaca, Morelos, C.P. 62100, Tel. 7773293000, www.insp.mx, www.revista.espm.mx, nslara@insp.mx.
Editora responsable: Dra. Nenetzen Saavedra Lara. Reserva de Derechos al Uso exclusivo: en trámite, ISSN: en trámite, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor.
Responsable de la última actualización de este número, (Mtra. Aldara Nayeli Cabrera Osnaya), Av. Universidad #655, Col. Santa María Ahuacatitlán, Cuernavaca, Morelos, C.P. 62100. Fecha de última modificación, 05 de febrero de 2025.