CIENCIA Y SALUD

¿Por qué conmemorar el Día Internacional de la Mujer?
Ciencia, salud y el papel de las mujeres
Por: Victoria Pando-Robles
- Centro de Investigación sobre Entermedades Infecciosas - Insituto Nacional de Salud Pública (CISEI-INSP)
Cada 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer nos convoca a reflexionar sobre los avances logrados, los desafíos persistentes y las deudas históricas en materia de igualdad de género. Más que una celebración simbólica, esta fecha tiene raíces profundas en las luchas sociales de los siglos XIX y XX, cuando miles de mujeres exigieron condiciones laborales dignas, igualdad jurídica y el reconocimiento pleno de sus derechos. Conmemorar este día implica honrar ese legado y reconocer que la igualdad sustantiva aún no es una realidad para todas.
Desde una perspectiva de ciencia y salud, el 8 de marzo también es una oportunidad para visibilizar cómo las desigualdades de género impactan directamente en la salud de las mujeres y de la población en su conjunto, así como para reconocer las contribuciones históricas —muchas veces invisibilizadas— de las mujeres en la investigación científica, la salud pública y los campos STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas).
Desigualdades de género y su impacto en la salud
Las brechas de género persisten en ámbitos como la participación económica, el acceso a la educación, la corresponsabilidad en los cuidados, la representación política y la seguridad cotidiana. Lejos de ser fenómenos abstractos, estas desigualdades se traducen en efectos concretos en la salud física y mental de las mujeres.
La violencia de género es una de las expresiones más graves de esta desigualdad. Se estima que alrededor de 840 millones de mujeres —casi una de cada tres— han experimentado violencia física o sexual por parte de su pareja, violencia sexual fuera de la pareja, o de ambas, al menos una vez en su vida. Sus consecuencias abarcan desde lesiones físicas y problemas de salud sexual hasta trastornos de ansiedad, depresión y estrés postraumático.
En este sentido, el 8 de marzo es un llamado a reconocer que la salud de las mujeres está estrechamente ligada a las condiciones sociales, económicas y culturales en las que viven, y que la prevención y erradicación de la violencia de género constituyen prioridades ineludibles de la salud pública.

Mujeres, ciencia y salud: aportaciones históricas y desafíos actuales
Las mujeres han sido fundamentales en el desarrollo del conocimiento científico y de la salud pública, aunque sus aportaciones no siempre han recibido el reconocimiento merecido. El denominado efecto Matilda alude al fenómeno histórico mediante el cual los logros de las mujeres en la ciencia han sido minimizados, ignorados o atribuidos a colegas hombres.
En salud pública, las mujeres han sido decisivas en la investigación epidemiológica, la promoción de la salud, la atención comunitaria y el diseño de políticas orientadas al bienestar colectivo. A escala global, representan cerca del 70% del personal de salud, constituyéndose como la columna vertebral de los sistemas de salud formales e informales, especialmente en áreas como la enfermería, la investigación y la administración.
Sus contribuciones abarcan desde los orígenes de la salud ocupacional –con figuras como Alice Hamilton y Anna Medora Baetjer, quienes sentaron las bases de la la toxicología ambiental en Estados Unidos– hasta el liderazgo científico durante emergencias sanitarias recientes, como la pandemia de COVID-19. En este contexto, destacan Sarah Gilbert, codesarrolladora de la vacuna Oxford-AstraZeneca; y Katalin Karikó, pionera en el desarrollo de la tecnología de ARN mensajero (ARNm). Junto con Drew Weissman, Karikó demostró cómo modificar el ARNm para evitar una respuesta inflamatoria excesiva, lo que permitió el desarrollo de las vacunas de ARNm contra la COVID-19 de Pfizer-BioNTech y Moderna. Este avance transformó la medicina moderna y fue reconocido con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2023.
Hacer visibles estas aportaciones no sólo responde a un principio de justicia simbólica, sino que contribuye a ampliar referentes, cuestionar estereotipos y fomentar el interés de niñas y jóvenes interesadas por la ciencia y la salud.
Educación y vocaciones científicas: una inversión en salud y desarrollo
Impulsar la participación de las mujeres en STEM fortalece tanto la equidad como la calidad del quehacer científico. La diversidad de perspectivas en los equipos de investigación se asocia con mayor creatividad, innovación y con una mejor capacidad para abordar problemas complejos, incluidos los retos de la salud pública.
A pesar de ello, la representación femenina sigue siendo limitada. En México, por ejemplo, sólo 23.8% de quienes cursan carreras vinculadas con tecnologías de la información y la comunicación son mujeres. Esta brecha se origina desde edades tempranas, cuando los estereotipos de género desalientan el interés de niñas y adolescentes por la ciencia y la tecnología.

Figura 1. Campo de formación en el nivel de educación superior por sexo
Fomentar vocaciones científicas implica ofrecer modelos a seguir, garantizar oportunidades educativas equitativas y promover entornos libres de discriminación en escuelas, laboratorios y centros de investigación. Desde la salud pública, invertir en la formación científica de las mujeres es una estrategia clave para asegurar que los avances tecnológicos y científicos respondan a las necesidades de toda la población.

Figura 2. Trayectoria educativa de niñas y mujeres a nivel mundial
Fuente: UNESCO. https://www.cgdev.org/publication/girls-education-and-womens-equality-how-get-more-out-worlds-most-promising-investment
Ser mujer en México: una mirada desde la salud pública
En México, la experiencia de ser mujer está atravesada por factores culturales, estructurales y de violencia que influyen de manera directa en la salud y el bienestar. El país registra niveles elevados y persistentes de violencia de género –incluidos feminicidios, desapariciones y agresiones sexuales– que superan los promedios observados en diversas regiones del mundo.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), 66.1% de las mujeres de 15 años o más han vivido algún tipo de violencia a lo largo de su vida. Esta cifra —dos de cada tres mujeres— es aproximadamente el doble del promedio mundial y evidencia un problema estructural con profundas implicaciones para la salud pública.
A ello se suma una impunidad superior al 90% en los delitos cometidos contra mujeres, lo que perpetúa la sensación de desprotección y limita el acceso efectivo a la justicia. La inseguridad, incluso en el ámbito doméstico, genera estrés crónico, ansiedad y otros padecimientos que deterioran la calidad de vida.

Figura 3. Población que manifiesta sentirse insegura en espacio públicos o privados
Desigualdad económica, cuidados y bienestar
La desigualdad de género también se manifiesta en el ámbito económico y laboral. En México, las mujeres asumen una de las cargas más altas de trabajo no remunerado, principalmente en tareas de cuidado, lo que restringe su participación laboral, su autonomía económica y sus oportunidades de desarrollo.
Desde la salud pública, la economía del cuidado —sostenida mayoritariamente por mujeres— constituye un componente esencial del bienestar social. Su falta de reconocimiento y redistribución no sólo perpetúan la desigualdad, sino que también generan efectos adversos en la salud física y mental de quienes cuidan.

Conmemorar para transformar
Conmemorar el Día Internacional de la Mujer implica reconocer que la equidad de género es un determinante fundamental de la salud. También supone un llamado a fortalecer políticas públicas basadas en evidencia, promover la participación de las mujeres en la ciencia y la salud pública, y construir entornos libres de violencia y discriminación.
Ser mujer en México conlleva múltiples desafíos, pero también una notable capacidad de resistencia, organización y transformación colectiva. La sororidad —mirar, nombrar y acompañar— es una herramienta central para avanzar hacia una sociedad más justa, en la que la salud, el conocimiento y las oportunidades no estén condicionados por el género.
Referencias:
- Instituto de Biomedicina de Valencia. (s. f.). El efecto Matilda. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. https://www.ibv.csic.es/el-efecto-matilda/
- Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2024). Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021. https://www.inegi.org.mx/programas/endireh/2021/
- Instituto Nacional de las Mujeres. (2024b, febrero). Desigualdad en cifras, Año 10, Boletín No. 2. https://www.gob.mx/inmujeres/documentos/desigualdad-en-cifras-ano-10-boletin-no-2
- Instituto Nacional de las Mujeres. (2024o, octubre). Desigualdad en cifras, Año 10, Boletín No. 10. https://www.gob.mx/inmujeres/documentos/desigualdad-en-cifras-ano-10-boletin-no-10
- ONU Mujeres. (2024, 25 de noviembre). Datos y cifras: Hechos y cifras sobre violencia contra las mujeres y las niñas. https://lac.unwomen.org/es/datos-y-estadisticas/hechos-y-cifras-sobre-violencia-contra-las-mujeres-y-las-ninas
- UNESCO Institute for Statistics. (s. f.). UIS statistics. https://data.uis.unesco.org/