SABERES COMPARTIDOS

¿Qué tan bien comen las y los estudiantes de medicina?
La realidad detrás de la bata blanca
Por: Cruz Esteban José Ángel(1),De León Vázquez Claudia Andrea(1), Cundapí González Ricardo(1)
- Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas
Ser estudiante universitario implica múltiples retos y, en el caso de la carrera de medicina, estos suelen intensificarse debido a la elevada carga académica, las prácticas clínicas, los horarios extensos y el estrés constante. En este contexto, la alimentación con frecuencia queda relegada a un segundo plano. Aunque existe una expectativa social de que quienes se forman como profesionales de la salud adopten estilos de vida saludables, diversos estudios han mostrado que dicha expectativa no siempre se cumple, particularmente durante la etapa universitaria.
Con base en esta inquietud, se realizó un estudio en estudiantes de primer y octavo semestre de la Facultad de Medicina Humana, Campus IV, de la Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas, con el objetivo de explorar si existen diferencias en los hábitos alimentarios y en el estado nutricional entre quienes inician la carrera y quienes se encuentran en etapas avanzadas de su formación académica. Para ello, se trabajó con dos grupos independientes de estudiantes.
Diseño del estudio y población participante
En total participaron 86 estudiantes: 43 de primer semestre y 43 de octavo semestre. A cada participante se le aplicó un cuestionario de frecuencia de consumo alimentario –instrumento que permite identificar la periodicidad con la que se consumen distintos grupos de alimentos, como frutas y verduras, cereales, alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas–. A partir de esta información, la calidad de la alimentación se clasificó considerando criterios generales de equilibrio, variedad y frecuencia de consumo de alimentos recomendados, así como la ingesta de productos de bajo valor nutricional. Estas categorías se utilizaron con fines analíticos y descriptivos, y no corresponden a un diagnóstico nutricional individual.
De manera complementaria, se registraron peso y talla para calcular el índice de masa corporal (IMC), indicador ampliamente utilizado para clasificar el estado nutricional en bajo peso, peso normal, sobrepeso y obesidad. Posteriormente, los datos fueron analizados con el fin de explorar la relación entre los patrones de consumo alimentario y el estado nutricional, así como las posibles diferencias entre ambos grupos académicos.
Resultados: calidad de la alimentación
Los resultados muestran que, tanto en el primer como en el octavo semestre, la alimentación del estudiantado se concentra mayoritariamente en categorías no óptimas. Aunque una parte se clasifica como regular, esta se ve superada por un número considerable de estudiantes con una mala alimentación, caracterizada por un bajo consumo de alimentos frescos y una alta ingesta de productos ultraprocesados. De acuerdo con los criterios establecidos, no se identificaron casos de una alimentación equilibrada y saludable (Figura 1).

Figura 1. Clasificación de la calidad de la alimentación en estudiantes de primer y octavo semestre.
Nota: A la izquierda se presenta el gráfico correspondiente a los estudiantes de primer semestre y, a la derecha, el de octavo semestre.
Estado nutricional: el peso a lo largo de la carrera
En cuanto al estado nutricional, se observó una mayor proporción de estudiantes con sobrepeso en el grupo de octavo semestre en comparación con el de primer semestre (Figura 2). Si bien el diseño transversal del estudio no permite afirmar que el aumento de peso sea consecuencia directa del avance en la carrera, los hallazgos sí sugieren que en los semestres avanzados coexisten con mayor frecuencia patrones alimentarios poco saludables y exceso de peso.

Figura 2. Clasificación del estado nutricional de estudiantes de primer y
octavo semestre con base en el índice de masa corporal (IMC).
Nota: A la izquierda se muestran los estados nutricionales del primer semestre y, a la derecha, los del octavo semestre.
Más allá de lo individual: factores que influyen en la alimentación
Estos resultados son congruentes con lo reportado en estudios previos, que señalan que los hábitos alimentarios de la población universitaria —en particular de estudiantes de ciencias de la salud— se ven condicionados por diversos factores. Entre ellos destacan la elevada carga académica, la escasa disponibilidad de tiempo, las limitaciones económicas, el acceso a alimentos dentro y fuera del entorno universitario, así como los altos niveles de estrés y la reducción de la actividad física. Esta última se ve acentuada por las exigencias propias de la formación médica, como los traslados constantes entre hospitales y la facultad. Desde esta perspectiva, la alimentación inadecuada no debe entenderse únicamente como el resultado de decisiones individuales, sino como una consecuencia del contexto académico y estructural en el que se desarrolla la formación médica.
Si bien los estudiantes de medicina cuentan con conocimientos teóricos básicos sobre nutrición y salud, estos no siempre se reflejan en sus prácticas cotidianas. Más que interpretarse como una contradicción o una falla individual, esta brecha entre el conocimiento y la conducta representa una oportunidad para analizar y transformar las condiciones estructurales y académicas en las que se forman los futuros profesionales de la salud. Reconocer las limitaciones de tiempo, la carga académica y el entorno alimentario permite plantear acciones que favorezcan elecciones más saludables de manera realista y sostenible.
Implicaciones para la formación médica y la salud a largo plazo
La relevancia de estos hallazgos radica en que los hábitos alimentarios que se establecen durante la etapa universitaria pueden persistir a lo largo de la vida adulta y profesional, con implicaciones tanto para la salud individual como para el desempeño académico y el bienestar integral. En este sentido, la universidad se posiciona como un espacio estratégico para la implementación de intervenciones positivas, tales como la mejora de la oferta alimentaria en el campus, programas de educación alimentaria adaptados al contexto del estudiantado y estrategias institucionales que promuevan estilos de vida saludables. De este modo, se contribuye no solo a la formación académica, sino también al desarrollo integral de quienes se preparan para ejercer en el ámbito de la salud.
Más que señalar deficiencias, este estudio busca aportar elementos para la reflexión sobre la necesidad de intervenciones tempranas, realistas y contextualizadas que permitan mejorar la alimentación y la salud integral de quienes se están formando para cuidar la salud de la población.

Contacto:
Cruz Esteban José Ángel: jose.cruz85@unach.mx
De León Vázquez Claudia Andrea: claudia.leon81@unach.mx
Cundapí González Ricardo: ricardo.cundapi85@unach.mx
Referencias:
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